Mariano Fortuny
Entrando por el carrer d'en Xuclá, a escasos metros de las Ramblas, sorprende al viandante una escultura de mármol blanco sobre piedra de granito. Un merecido homenaje al pintor que da nombre a la otra calle que intercepta la fabulosa escultura; ambas, calle y escultura, rinden tributo a Mariano Fortuny.
Este pintor catalán, nacido en Reus en 1838, es una de las figuras más relevantes en el arte del s. XIX español. Trabajó con la misma maestría la pintura, la acuarela y el grabado.
Su obra está muy influenciada por el exotismo asiático favorecido por algunos de sus viajes. En 1860 estalló la Primera Guerra de Marruecos, y la Diputación de Barcelona encargó a Fortuny que viajara a este país con el fin de convertirse en cronista gráfico de la contienda. Allí se integró como pintor en el regimiento del general Juan Prim.
Durante su paso por aquél país, Fortuny se interesó por el pintoresquismo árabe y quedó prendado de la luz del norte de África, de sus planicies y sus habitantes, logrando captar en muchas de sus obras la esencia de aquél país, que impregna algunas de sus obras más célebres. Más tarde, tras una prolongada estancia en Barcelona, Fortuny regresaría a África.
También destacan en su biografía y obra, sus viajes a Roma, Granada o París; en la primera de éstas ciudades, el pintor contrajo matrimonio con Cecilia de Madrazo, hija y hermana de los celebres pintores del mismo apellido.
La afición de Fortuny a las antigüedades, también quedó reflejada en muchas de sus obras en las que incluyó moliario y piezas exóticas adquiridas en sus viajes.
Es una suerte poder disfrutar en Barcelona de muchas de las pinturas y grabados de este excepcional y admirado pintor. Algunos de sus cuadros más afamados como la Batalla de Tetuán, pueden disfrutarse en el Museo de Arte Nacional de Catalunya.











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